Bigantium, España, mediados de otoño del 2019, 10:28h de la Mañana:
Al abrir los ojos y poder contemplar todo lo que le rodeaba, experimentó al fin, tras muchas horas de merecidos sueño y descanso, una calida sensación de familiaridad.
Javier León se encontró a si mismo, acostado en su vieja cama. Estirando su brazo izquierdo, alcanzó el interruptor de la luz y la bombilla de 100W se encendió.
De forma un poco tambaleante, se levantó de la cama, contempló su reflejo en el espejo de la pared. Con barba de una semana y el largo cabello gris desordenado, sintió que ya tenía bastante mejor cara. Sus ojos, color azul verdoso, ya no tenían aquellas tremendas ojeras.
Mientras se preparaba un té con leche, ya con el vetusto batín puesto sobre el pijama, cogió el minúsculo teléfono móvil y marco el número de su editora.
-¿Javier León?-Contesto ella al segundo tono.
-Sí, Matilde, siento no haberte llamado antes.
-¡Ay, como eres!-Suspiró ella.-Necesito el relato de esta semana, ¿lo tienes?
-Pues claro. Te lo envío por E-Mail ahora mismo.
-Menos mal. Oye, ¿te encuentras mejor?-Preguntó ella preocupada.
-No te imaginas cuanto.-Contestó él con una sonrisa.
Una hora más tarde, tras haber enviado el relato semanal a Matilde y después de asearse debidamente, se puso ropa limpia, cogió su gabán y salió a la calle dando un pequeño portazo.
El sol iluminaba las pétreas callejuelas de la ciudad vieja. Siendo una mañana de domingo, era normal que hubiese pocos transeúntes, pues la mayoría aun estaban en casa. Javier decidió no acelerar ni un poco el paso y así disfrutar del paseo.
Pese al horario, café “Serenata” ya estaba abierto. Ángel era el dueño y se encontraba atendiendo la barra, como de costumbre. Era este un tipo de unos cuarenta años con el pelo sujeto en una tensa coleta y gafas de fina montura metálica.
-Buenos días, Javier. -Dijo al verle franquear la puerta.
-Buenos días Ángel.-contestó este.-¿Todavía no ha llegado Patricia?
-No, pero seguro que ya no tarda. ¿Lo de siempre?
-Sí, gracias.-Dijo Javier, sentándose en una silla tras la última mesa y cogiendo el periódico, en concreto La Voz de Galicia. En la primera plana: ATAQUES DE MONSTRUOS EN TODA ESPAÑA Y PARTE DE EUROPA.
Mientras le servían un café con leche condensada, Javier León Santos frunció el entrecejo ante tan mala noticia. Ahí empezó todo.
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