Varsovia, Polonia 5 de Febrero del 2020, 10:05h de la noche:
Piotr Jaroslaw Walesky, es uno de los superhéroes más destacados de Polonia. Físicamente es un hombre blanco, muy pálido, con los ojos gris-azulados. Lleva bigote, un poco alargado hacia abajo por los extremos. Tiene el cabello canoso. A parte de eso, es un tipo considerablemente alto y robusto, aunque sin llegar a ser ningún gigante, pesará poco más de ciento cinco kilogramos. Siempre viste ropa amplia, holgada. Sus amigos rusos, le llaman “miedviéd”, que significa igualmente en dicha lengua, oso u hombre forzudo. Una vez más se entrena en su casa, una antigua nave industrial, muy bien acondicionada. La vivienda tiene gimnasio, habitaciones, cocina y cuartos de baño, etc, todo ello con muy altos techos. Las pesas que utiliza Piotr en sus entrenamientos, son de materiales súper-pesados. También levanta una prensa hidráulica, tres mil veces seguidas.
Su entorno social, destaca por pocos, pero buenos amigos. Esta noche, decide salir a dar una vuelta a la capital, Varsovia. Sus calles, muchas de ellas multi-centenarias, están tranquilas y poco concurridas. El casco antiguo de la ciudad, ha sido recientemente, declarado patrimonio de la humanidad. Destacan las iglesias de La Stma. Virgen y la del Stmo. Sacramento, la catedral, los diversos palacios y el castillo real barroco. Así mismo hay un monumento a Copernico y el museo de la Ciencia y la Cultura. En el puerto fluvial, destaca también, un elevado número de barcos pesqueros.
En el café-bar “Ágora”, le esperan un par de amigos. A través de los cristales, que dan a la calle, se les puede ver: un hombre atlético, de cabello oscuro, medianamente largo y ojos castaños e inteligentes y también una guapa mujer de melena pelirroja. La chica tiene los ojos verdes, de tonos claros y suaves. El hombre saluda con un gesto de la mano, mientras la sonriente mujer, le besa la mejilla barbada de seis días. A continuación, ella también saluda.
Piotr franquea la puerta y tras abrirse paso entre la gente, llega a la mesa de la pareja y se sienta frente a ellos, no sin antes estrechar la mano del hombre y besar a la mujer en sendas mejillas, después de estrecharle la mano, también a ella.
-Hola Sansón, hola Helena.
-Hola, ¿cómo estamos?
-Tirando ¿y tú, amigo? ¿Y tú también Helena?
-¿A ti que te parece? –Contesta ella, con una sonrisa maliciosa.
-¡Ya os veo!
-¡Anda, guapita, para un rato!-Le dice Sansón a la chica, quitando su oreja, del alcance de los labios de ella. -¡Aquí, con la tía buena esta!
-Gracias, nene.
-¡Qué suerte tienes Sansón!-dice Piotr, a su amigo, mientras deja la chaqueta impermeable a un lado. Sansón Villalobos viste de negro, con un cuello Mao. Ella, viste un bonito vestido azul, con un pequeño escote en pico, que no llega al canalillo.
-¡Helena, estás más buena que Gilda!-Añade el polaco.
-¡Gracias, mi espejo dice lo mismo!-Le sonríe ella, ufana.
-Ella también tiene ojos para ti, Piotr.
-Eh, se hablar solita.
Así siguen hablando de trivialidades, durante un largo rato, los clientes del bar, proporcionan un murmullo de fondo, con sus propias conversaciones. La iluminación es generosa. Hay gente sentada, jugando a las cartas.
En un momento dado, Helena Puentes realiza un conjuro en silencio con una baraja normal, que hace que nadie pueda oír o percibir nada de lo que hablan, ni sientan interés en ello.
-Me alegra que hayáis venido a pasar una temporada aquí, vamos a necesitar vuestra ayuda.-Les comenta Piotr.
-Teniendo en cuenta a tus amigos del grupo de Valeria, ¿Cuánta gente somos para defender la ciudad?-Pregunta Sansón.
-Yo diría, que no más de veinte, a parte de mi hermano Andrzej-Contesta Piotr.
-¿El campeón? ¡Pero eso es fantástico!
-Cierto. Pero parece que el ataque de las fuerzas infernales, no solo tendrá lugar en Polonia, como pensábamos. Parece que se extenderá por toda Europa.
-Fernando Laxe, nos ha dicho que vendrá en cuanto pueda.-Interviene Helena.-Y también Iago. Nos ha dicho que él también se viene. Seguro que tendremos tiempo de movilizar y distribuir más fuerzas, antes del ataque.
De madrugada los tres se despiden en la puerta del local. Sansón y Helena se van a sus respectivas casas y Piotr se dirige a la suya. El cielo esta despejado. Se ven estrellas y la luna llena. En pocos minutos, Piotr llega a casa. Como es habitual, Faith ha salido a disfrutar de esta noche. La guapa joven posee un carácter jovial y juerguista y acostumbra a salir de noche.
martes, 4 de marzo de 2008
Bigantium, España, mediados de otoño del 2019, 10:28h de la Mañana
Bigantium, España, mediados de otoño del 2019, 10:28h de la Mañana:
Al abrir los ojos y poder contemplar todo lo que le rodeaba, experimentó al fin, tras muchas horas de merecidos sueño y descanso, una calida sensación de familiaridad.
Javier León se encontró a si mismo, acostado en su vieja cama. Estirando su brazo izquierdo, alcanzó el interruptor de la luz y la bombilla de 100W se encendió.
De forma un poco tambaleante, se levantó de la cama, contempló su reflejo en el espejo de la pared. Con barba de una semana y el largo cabello gris desordenado, sintió que ya tenía bastante mejor cara. Sus ojos, color azul verdoso, ya no tenían aquellas tremendas ojeras.
Mientras se preparaba un té con leche, ya con el vetusto batín puesto sobre el pijama, cogió el minúsculo teléfono móvil y marco el número de su editora.
-¿Javier León?-Contesto ella al segundo tono.
-Sí, Matilde, siento no haberte llamado antes.
-¡Ay, como eres!-Suspiró ella.-Necesito el relato de esta semana, ¿lo tienes?
-Pues claro. Te lo envío por E-Mail ahora mismo.
-Menos mal. Oye, ¿te encuentras mejor?-Preguntó ella preocupada.
-No te imaginas cuanto.-Contestó él con una sonrisa.
Una hora más tarde, tras haber enviado el relato semanal a Matilde y después de asearse debidamente, se puso ropa limpia, cogió su gabán y salió a la calle dando un pequeño portazo.
El sol iluminaba las pétreas callejuelas de la ciudad vieja. Siendo una mañana de domingo, era normal que hubiese pocos transeúntes, pues la mayoría aun estaban en casa. Javier decidió no acelerar ni un poco el paso y así disfrutar del paseo.
Pese al horario, café “Serenata” ya estaba abierto. Ángel era el dueño y se encontraba atendiendo la barra, como de costumbre. Era este un tipo de unos cuarenta años con el pelo sujeto en una tensa coleta y gafas de fina montura metálica.
-Buenos días, Javier. -Dijo al verle franquear la puerta.
-Buenos días Ángel.-contestó este.-¿Todavía no ha llegado Patricia?
-No, pero seguro que ya no tarda. ¿Lo de siempre?
-Sí, gracias.-Dijo Javier, sentándose en una silla tras la última mesa y cogiendo el periódico, en concreto La Voz de Galicia. En la primera plana: ATAQUES DE MONSTRUOS EN TODA ESPAÑA Y PARTE DE EUROPA.
Mientras le servían un café con leche condensada, Javier León Santos frunció el entrecejo ante tan mala noticia. Ahí empezó todo.
Al abrir los ojos y poder contemplar todo lo que le rodeaba, experimentó al fin, tras muchas horas de merecidos sueño y descanso, una calida sensación de familiaridad.
Javier León se encontró a si mismo, acostado en su vieja cama. Estirando su brazo izquierdo, alcanzó el interruptor de la luz y la bombilla de 100W se encendió.
De forma un poco tambaleante, se levantó de la cama, contempló su reflejo en el espejo de la pared. Con barba de una semana y el largo cabello gris desordenado, sintió que ya tenía bastante mejor cara. Sus ojos, color azul verdoso, ya no tenían aquellas tremendas ojeras.
Mientras se preparaba un té con leche, ya con el vetusto batín puesto sobre el pijama, cogió el minúsculo teléfono móvil y marco el número de su editora.
-¿Javier León?-Contesto ella al segundo tono.
-Sí, Matilde, siento no haberte llamado antes.
-¡Ay, como eres!-Suspiró ella.-Necesito el relato de esta semana, ¿lo tienes?
-Pues claro. Te lo envío por E-Mail ahora mismo.
-Menos mal. Oye, ¿te encuentras mejor?-Preguntó ella preocupada.
-No te imaginas cuanto.-Contestó él con una sonrisa.
Una hora más tarde, tras haber enviado el relato semanal a Matilde y después de asearse debidamente, se puso ropa limpia, cogió su gabán y salió a la calle dando un pequeño portazo.
El sol iluminaba las pétreas callejuelas de la ciudad vieja. Siendo una mañana de domingo, era normal que hubiese pocos transeúntes, pues la mayoría aun estaban en casa. Javier decidió no acelerar ni un poco el paso y así disfrutar del paseo.
Pese al horario, café “Serenata” ya estaba abierto. Ángel era el dueño y se encontraba atendiendo la barra, como de costumbre. Era este un tipo de unos cuarenta años con el pelo sujeto en una tensa coleta y gafas de fina montura metálica.
-Buenos días, Javier. -Dijo al verle franquear la puerta.
-Buenos días Ángel.-contestó este.-¿Todavía no ha llegado Patricia?
-No, pero seguro que ya no tarda. ¿Lo de siempre?
-Sí, gracias.-Dijo Javier, sentándose en una silla tras la última mesa y cogiendo el periódico, en concreto La Voz de Galicia. En la primera plana: ATAQUES DE MONSTRUOS EN TODA ESPAÑA Y PARTE DE EUROPA.
Mientras le servían un café con leche condensada, Javier León Santos frunció el entrecejo ante tan mala noticia. Ahí empezó todo.
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